Las mejores cosas de la vida no son cosas

Hace unos días di una conferencia y al final leí un texto que escribí.

Lo comparto aquí:

Las mejores cosas de la vida no son cosas.

Las cosas pasan de moda, 
las cosas se olvidan, 
las cosas se empolvan.
las cosas se quedan aquí cuando morimos.

Nadie se va con maletas al cielo.

Las mejores cosas de la vida
son las que llenan nuestro corazón,
no nuestros cajones.

Son las experiencias que vivimos,
las metas que superamos,
los abrazos que damos,
las sonrisas que intercambiamos,
las batallas que enfrentamos,
las aventuras que compartimos.

Si vas a llenar tu vida de cosas,
asegúrate que sean las mejores,
las que te hagan sentir libre,
las que te hagan vibrar de emoción,
las que te saquen lágrimas de alegría.

Para que cuando llegue el último día,
te vayas ligero y lo que dejes no sean cosas,
sino una hermosa y memorable historia de vida

*Foto por Adriana Cruz en el Teatro de la Ciudad (Chihuahua, Chihuahua)

Confiar para soltar

Me he dado cuenta que la clave para soltar es confiar en uno mismo.

Si confío en mí y en mi capacidad de resolver o aceptar lo que sea, puedo soltarlo todo.

  • Puedo soltar pertenencias, porque confío en que estaré bien sin ellas.
  • Puedo soltar los deseos de comprar más, porque confío en que ya estoy completo.
  • Puedo soltar preocupaciones, porque confío en que lograré estar bien pase lo que pase.
  • Puedo soltar expectativas, porque confío en puedo aceptar lo que venga.
  • Puedo soltar absolutamente todo, porque confío en que soy suficiente.

No es fácil, porque nos han enseñado que la confianza se obtiene a través de lo externo: la aprobación, el trabajo, el dinero, la protección, etc.

El reto es desarrollar y fortalecer nuestra autoconfianza. No desde el egoísmo y la soberbia, sino del amor propio.

Soltar nos da autoconfianza y la autoconfianza nos ayuda a soltar.

Si te cuesta trabajo soltar algo, piensa:

¿En qué parte de mí no estoy confiando? 
¿Y si confío ciegamente en mí?
¿Y si no tengo nada que perder?

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Cómo soltar el perfeccionismo en el trabajo

Hay una diferencia entre tener altos estándares respecto a nuestro trabajo y el perfeccionismo tóxico.

Esforzarnos por alcanzar cierto nivel de calidad siempre es importante. Es lo que hace que nuestro trabajo sea bueno, destaque y aporte valor. Lo contrario sería indiferencia, descuido o desfachatez.

Por otro lado, está el perfeccionismo tóxico. Esa actitud que aparenta responder a nuestros criterios personales, pero que en realidad es una reacción ante el miedo. Miedo a ser juzgados, miedo a no tener el control de los resultados, miedo a hacer el ridículo, miedo a sentirnos vulnerables.

El perfeccionismo ciega nuestra mirada objetiva, nos paraliza y nos pone a pelear con monstruos imaginarios que asechan contra nuestra creatividad y nuestra autoconfianza.

El perfeccionismo tóxico es algo que no queremos, porque no sirve de nada.

Pero, ¿cómo lidiar con él?

El verdadero problema

Con base en mi experiencia personal, he observado que problema no es el perfeccionismo en sí, sino el hecho de que, cuando estamos inmersos en él, no nos damos cuenta. 

Creemos que simplemente estamos esforzándonos por hacer bien nuestro trabajo. En esos momentos nuestro pensamiento es:

Si me esfuerzo más y más y más, lograré llegar a un resultado perfecto.

Pensamos que estamos siguiendo nuestros estándares, pero en realidad estamos en un círculo vicioso y dañino. Dando vueltas sin llegar a ningún lado. Frustrados y dominados por el miedo.

Entonces la clave está en:

1. Estar atentos a cómo nos sentimos
2. Darnos cuenta cuando hemos caído en el perfeccionismo tóxico
3. Soltar poco a poco

Primero debemos desarrollar cierta sensibilidad. Observarnos. Hacernos preguntas como: ¿Qué estoy sintiendo en este momento? ¿Cómo está mi mente? ¿Cómo está mi cuerpo? ¿Hay tensión? ¿Qué palabras me estoy diciendo a mí mismo? ¿Palabras de odio o de amor? ¿Me está funcionando? ¿Estoy avanzando?

Después de hacer este autoanálisis podemos determinar si estamos trabajando desde un lugar sano (me siento retado, pero motivado) o desde un perfeccionismo tóxico (soy el peor por no poder hacer nada bien”, qué van a decir de mí si entrego esta porquería). 

En este momento, ya tenemos un gran avance. ¡Ya nos dimos cuenta! y lo que sigue es soltar.

Soltar el perfeccionismo

Una vez que nos dimos cuenta de que estamos actuando bajo el dominio del perfeccionista tóxico, debemos trabajar en liberarnos de él.

Para esto podemos realizar acciones sencillas, por ejemplo:

  • Reconectar con la importancia esencial del trabajo en cuestión ¿cuál es el objetivo principal? (en otras palabras, ver “the big picture”)
  • Recordar que nada es para tanto, que somos un punto en una galaxia inmensa, que todo pasa, que a nadie le importa tanto. Equis.
  • Alejarnos del trabajo por unos momentos, salir a caminar o distraernos.
  • Tratarnos con autocompasión, hablarnos con amabilidad, recordar que somos humanos
  • Pedir la opinión de alguien con una visión parcial
  • Recordar que no podemos controlar los resultados y descansar en esa realización

Y finalmente, como en todo… practicar y practicar.

Porque el perfeccionismo regresará y debemos estar preparados para que no nos domine y nos haga perder el tiempo.

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Si el perfeccionismo tóxico es algo que tiene gran peso en ti y te gustaría que te ayude a trabajar en ello, te invito a que conozcas mi programa de coaching 1:1 ¡Estaré encantado de colaborar contigo!

Simplificar es descubrir quién eres

A lo largo de tu vida, te has llenado de tantas cosas que (tal vez) olvidaste quién eres en verdad.

Pertenencias, ideas, costumbres, relaciones. Capas y capas que recubren y opacan tu esencia.

Cosas basadas en lo que FUISTE o DEBERÍAS ser, pero no en lo que ERES.

¿Y cómo saber quién eres?

Puedes descubrirlo cuestionando y eliminando esas capas.

Pregúntate:

¿Esta…

cosa…
persona…
actividad…
creencia…

… tiene una relación directa con lo que soy?

Si la respuesta es un sí potente, se queda.

Si la respuesta te causa duda, cuestiona más profundo

Si la respuesta es no, déjalo ir.

Repite el proceso de por vida.

Con calma, con paciencia, con amor propio.

¿Por qué nos cuesta soltar?

¿Por qué nos cuesta tanto soltar?

Tal vez por miedo.

A la incertidumbre,
a perder nuestra identidad,
a dejar de ser lo que somos,
a equivocarnos,
a necesitarlo después,
a tener una opción menos,
a sentir un vacío,
a volver a empezar.

Soltar da miedo, pero debemos entender lo siguiente:

No podemos esperar a que se nos quite el miedo para empezar a soltar.

Soltar aún teniendo miedo es la respuesta.

Está bien bien dudar,
está bien que duela,
está bien sentir que algo nos falta.

Porque soltar requiere de valentía
y la valentía requiere de vulnerabilidad.

Pero vale la pena intentarlo, porque del otro lado hay una hermosa recompensa llamada libertad.

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Si te ha gustado esta reflexión y te gustaría tener un guía para empezar a soltar, quizá te interese tomar mi curso online A SOLTAR

Tu corazón es simple

Tu corazón es simple, porque no necesita mucho para sentirse en paz. Le basta un respiro, una sonrisa, un momento para contemplar.

Tu corazón es simple, porque lo único que necesita dar y recibir es amor puro. Lo demás le sale sobrando.

Tu corazón es simple porque se rige por una regla muy sencilla: si trata bien a los demás y se trata bien a sí mismo, todo estará en orden.

Tu corazón es simple porque siempre sabe lo que quiere.

Lo complejo es tu mente y todo lo que alberga. 

Las ideas que te has creído, la identidad que te has inventado, las heridas que has sufrido, el territorio que has creído tuyo, los miedos que te han inculcado. Todo eso construye un muro invisible que te separa de la simplicidad de tu corazón y de la vida misma.

Pero si te detienes un momento y dejas de vivir del cuello para arriba, si cierras los ojos y bajas tu atención hasta tu pecho, te encontrarás con esa de ti que además de ser simple y bella, te tiene con vida en este momento.

Intenta recordar esto siempre.

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Mis seres queridos son lo opuesto al minimalismo

¿Estás haciendo tu mayor esfuerzo por llevar una vida minimalista, pero la gente a tu alrededor no ayuda?

Quieres…

· Reducir pertenencias, pero vives con personas acumuladoras.

· Dejar de consumir, pero te siguen regalando cosas que no necesitas.

· Ser fiel a tus valores, pero te ven raro, no te entienden y hasta te critican.

Si te identificas con esto, te tengo 2 noticias:1 buena y 1 mala

La mala es que no puedes controlar a los demás. No está en tu poder hacer que cambien.

La buena es que tienes frente a ti la oportunidad perfecta para llevar tu crecimiento personal al siguiente nivel.

Déjame explicarlo:

Si analizas profundamente por qué decidiste ser minimalista, lo más probable es que te des cuenta que en el fondo, lo que realmente estás buscando es vivir con plenitud. Quieres paz mental, quieres que tu vida tenga sentido, quieres ser feliz.

El minimalismo no es la meta, sino un camino que te lleva hacia una vida mejor.

Teniendo esto en cuenta, pregúntate:

¿Cómo puedo usar mi entorno no minimalista a mi favor? ¿Qué puedo aprender de esta experiencia?

Yo me hago esta pregunta constantemente y estas son algunas de las respuestas que he encontrado:

1. Puedo volverme mejor en soltar

Soltar pertenencias ha sido muy poderoso para mí, pero soltar el deseo de que las demás personas piensen igual que yo ha sido aún más liberador. Dejar ir las expectativas que tengo de los demás es algo que intento practicar siempre y que me ayuda a vivir más ligero.

Pregúntate: ¿Cómo puedo aprender a soltar aquello que no está en mi control?

2. Puedo practicar la asertividad

Para mantener firme mi intención de llevar un estilo de vida minimalista, he tenido que aprender a expresar mis pensamientos y mis necesidades de una manera clara y respetuosa. Siempre que logro ser asertivo, las cosas resultan mejor tanto para mí como para los otros.

Pregúntate: ¿Cómo puedo hacerle saber a otras personas lo que pienso y lo que quiero con honestidad, pero sin herirles?

3. Puedo desarrollar el no-juicio

He aprendido que los juicios (tanto a los demás como a mí mismo) son como una cárcel mental que limita mi experiencia de vida y me hace pasarla mal. El no-juicio me ha resultado una mejor manera de ver el mundo, pues me permite aceptar y amar las cosas tal cual son.

Pregúntate: ¿Cómo puedo tener una actitud más curiosa. receptiva y amable ante mi entorno?

4. Puedo conectar con nuevas personas

Este estilo de vida me ha llevado a conocer personas que comparten los mismos valores que yo. Esto no es para evadir a quienes piensan distinto a mí, sino para encontrar un balance que me inspire a seguir creciendo.

Pregúntate: ¿Cómo puedo encontrar una comunidad de personas que me entienda y me motive a seguir adelante con mis objetivos?

Y tú ¿qué más crees que podemos aprender de la experiencia de convivir con personas no minimalistas?

Si te fijas, hay mucho camino por recorrer y es ahí donde está lo más bello de esta aventura.

Manténte en tu intención de tener un estilo de vida minimalista, concéntrate en lo que está en tu control y suelta todo lo demás. O mejor aún, conviértelo en una herramienta para seguir aprendiendo y creciendo.

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Me gusta trabajar, pero no tanto

Cuando empecé a interesarme por el minimalismo, una de las cosas que más me llamaban la atención era la posibilidad de trabajar menos.

Mi lógica era (y sigue siendo):

Si no necesito comprar mucho para ser feliz, no necesito tanto dinero, por lo que puedo trabajar menos.

No soy flojo, ni mediocre, simplemente soy honesto:

No me gusta trabajar tanto. Me gusta tener días holgados, sin mucho estrés y con espacio en mi agenda para leer, tocar guitarra, meditar, salir a caminar, cocinar, platicar con mi esposa e irme a dormir con la mente en paz. (En otras palabras: una vida de lujos)

Vivimos en una cultura donde se celebra el trabajo duro e incesante, donde “no tener tiempo” está normalizado y llevar una vida tranquila está mal visto.

Pero, ¿para qué estamos trabajando?

Si es para ganar dinero, ¿cuánto dinero es suficiente?
Si es para aportar algo al mundo, ¿cuál es el punto de equilibrio?
Si es para hacer lo que nos gusta, ¿hasta dónde lo estamos disfrutando?

Estoy consciente de que no todas las personas tenemos los mismos privilegios y que cada quien vive un contexto diferente, pero esto no significa que no podamos hacernos ciertas preguntas.

Si sientes que trabajas demasiado y te gustaría tener una vida un poco más relajada, te invito a que analices los siguientes puntos:

1. ¿Cuánto tiempo de vida te consume tu trabajo actual?
Trabajar de 9 a 6 no significa que solamente dediques 8 horas a tu trabajo. Considera el tiempo que te toma trasladarte, las horas extra (¿te llevas pendientes a casa?), el tiempo que dedicas a arreglarte, el tiempo que batallas para dormir por estar pensando en el trabajo… ¿cuánto tiempo te consume tu trabajo realmente?

2. ¿Cuánto dinero cuesta tu trabajo?
Mantener un trabajo cuesta, ¿cuánto dinero gastas en transporte? ¿en la comida que compras por no tener tiempo para cocinar? ¿le pagas a alguien más para que haga cosas que tú no puedes hacer por estar trabajando (limpieza, guardería, etc.)? ¿cuánto gastas en salir a comer con compañeros? ¿cuánto gastas en rentar una casa o departamento en la ciudad donde trabajas? ¿cuánto gastas en ropa para ir a trabajar?

Hice esta tabla imaginaria para expresar a lo que me refiero en los dos puntos anteriores. Los números que puse no significan nada, simplemente son ilustrativos. Te invito a que hagas tus propias cuentas con números reales.

En este punto es posible que te des cuenta que estás trabajando más de lo que crees y no estás ganando tanto como piensas.

Ahora revisa lo siguiente:

3. ¿Cuánto dinero necesitas realmente?
Creemos que ganar más es mejor, pero ¿en verdad es cierto? A veces tener el deseo ganar de más nos quita tiempo y energía para disfrutar la vida. No estoy diciendo que debamos conformarnos con poco o rechazar la abundancia. Pero quizá deberías preguntarte ¿cuánto dinero es suficiente? ¿cuánto necesitas para vivir plenamente? ¿en qué estás gastando? ¿cuánto de tu dinero se va a cosas que no son esenciales?

4. ¿Cómo puedes diseñar una vida menos costosa?
Revisa tus gastos y pregúntate qué cambios podrías hacer para que tu vida cueste menos. ¿Y si te mudas a una casa más chica? ¿Y si dejas de comprar cosas que no necesitas? ¿Y si te alimentas con ingredientes que cuesten menos y sean más nutritivos? ¿Y si utilizas un medio de transporte más económico? ¿Y en lugar de pagar por un gimnasio haces ejercicio en casa? ¿Y si te vistes con la misma ropa siempre? ¿Y cambias las salidas a restaurantes por cenas especiales en casa? ¿Y si buscas formas de entretenerte que no cuesten tanto? ¿Y si aprendes a feliz con menos? Una vida menos costosa, puede ser una vida con más libertad.

5. ¿Qué tipo de trabajo quieres tener?
Nuestro trabajo debe ayudarnos a vivir mejor, no peor. Piensa qué trabajo disfrutarías tener y cómo las preguntas anteriores pueden ayudarte a conseguirlo. No es necesario ser emprendedor o freelancer para dedicarte a algo que disfrutes o tener más tiempo libre. Quizá puedes conseguir un trabajo cerca de casa con un horario flexible, quizá puedes colaborar con una empresa desde tu hogar, quizá puedes trabajar medio tiempo y el resto usarlo para dar clases de algo que sabes hacer muy bien. Piensa qué alternativas puedes encontrar.

Te recomiendo que, cualquier decisión que tomes lo hagas de manera consciente y tomando en cuenta que tener una vida ligera requiere disciplina y administración. También es importante hacer cambios poco a poco y sin arriesgar demasiado tu salud financiera. Por otro lado toma en cuenta que tener una vida laboral holgada no significa vivir al día, considera que debes formar ahorros, preparar tu retiro, invertir y todo eso.

Espero que esta reflexión te haya servido de alguna manera y si tienes algún comentario o quieres platicarme algo, no dudes en escribirme a pedrocampos@gmail.com

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No estamos para salvar a nadie, ni nadie está para salvarnos.

¿Te ha pasado que una persona que amas está en un momento difícil y no puedes dejar de preocuparte por ella?

Quieres ayudarle, rescatarle, hacerle ver las cosas de otra manera. Quieres hacer todo lo posible para que su situación mejore. Quieres aconsejarle y protegerle.

Esto es normal y viene de un buen lugar. Pero no siempre es lo mejor. 

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Primero, es demasiado cansado para ti. Tu deseo incesante de que la otra persona no sufra puede absorberte y desgastarte hasta afectar tu propio bienestar, lo cual se convierte en un doble problema.

Por otro lado, intervenir excesivamente en la situación del otro puede truncar su propio proceso. Un proceso que debemos respetar.

No estoy diciendo que debamos permanecer indiferentes ante el dolor de los demás. Podemos acompañar, escuchar, abrazar, apapachar y ayudar si nos lo piden. Pero es importante aprender a reconocer los límites y decidir qué es lo más sano tanto para nosotros como para la otra persona.

Debemos aceptar que cada quien es dueño de su propia experiencia de vida y responsable de su propio bienestar (salvo obvias excepciones como niños pequeños, adultos mayores, seres vivos en situación de vulnerabilidad y todo lo que dicte el sentido común). 

El dolor es parte del crecimiento. Quitarle el dolor a alguien más, es quitarle también su crecimiento. Debemos darle espacio al dolor ajeno.

De la misma manera, cuando tú estás pasando por un mal momento es posible que inconscientemente esperes que otras personas te salven. Pero no puedes entregarle esa carga a alguien más. Lidiar responsablemente con tu dolor es parte de tu propio crecimiento. 

Es más fácil decirlo que aplicarlo, lo sé. Pero empezar a notarlo y analizarlo puede ser un excelente primer paso.

¿Qué tanto te desgastas por querer resolverle la vida a tus seres queridos?
¿Qué tanto invades su proceso?
¿Qué tanto esperas de los demás en este sentido?

Seamos libres y dejemos libres a los demás.

No estamos para salvar a nadie, ni nadie está para salvarnos.

Más allá de Marie Kondo

Me gusta Marie Kondo. Leí La Magia del Orden y también vi la serie de Netflix A ordenar.

Su método me ha inspirado y me servido muchísimo (de hecho fue una referencia para escribir mi libro). Sin embargo he aprendido que para que los beneficios de simplificar sean más significativos, es necesario ir más allá.

Lo que quiero hacer en esta publicación no es criticar el método de KonMarie, sino complementar su mensaje con algunos aprendizajes personales.

Si estás empezando en el minimalismo como estilo de vida o ya tienes algo de camino recorrido, quizá te sirva considerar lo siguiente:

Debemos cuestionar nuestro consumo

De nada sirve sacar cosas de nuestra casa si seguimos trayendo nuevas pertenencias sólo por el placer de comprar. Es importante hacer una análisis profundo de nuestros hábitos de consumo. ¿Por qué compramos lo que compramos? ¿De dónde vienen nuestros deseos? ¿Qué relación tenemos con las compras? ¿Nuestro consumo es responsable con el medio ambiente?

Vivimos en una sociedad que fabrica y consume cosas innecesarias, y rara vez nos detenemos a pensar en esto. El minimalismo debe ayudarnos reconocer que no necesitamos comprar tanto y que podemos vivir mejor cuando encontramos plenitud en lo intangible y cuando cuidamos nuestro planeta. (Si te interesa la relación del consumo con el medio ambiente te recomiendo ver The Story of Stuff o el documental The True Cost).

Sparks joy a veces no es suficiente

Para dejar ir ciertas pertenencias (y otras cosas no materiales), es necesario hacernos otro tipo de preguntas, como:

¿Qué es lo que realmente quiero en mi vida? ¿Qué valor le doy a los objetos?  ¿A qué me estoy apegando? ¿A qué le tengo miedo? ¿Qué construye mi identidad? ¿Quién soy yo sin mis cosas?

Este tipo de preguntas nos ayudan a conocernos mejor y auto-confrontarnos. 

¡Es ahí donde la verdadera magia sucede!

Se vale tomárselo con calma

El método KonMarie nos invita a depurar nuestra casa de golpe. Esto es algo con lo que no estoy totalmente de acuerdo (o que por lo menos no funciona para mí).

He aprendido que el camino hacia una vida más ligera debe ser lento e intencional. Empezar con un par de depuraciones intensas puede ser de gran ayuda para inspirarnos y entrar en momentum, pero debemos recordar que los cambios profundos y verdaderos toman tiempo.

Yo sigo cuestionándome cosas y sacando pertenencias poco a poco. No tengo prisa y estoy bien con eso.

El orden puede ser un arma de doble filo

Obsesionarnos por el orden puede causarnos más estrés (lo digo por experiencia propia) y eso no es lo que queremos.

Cuando empecé a simplificar, pensaba que mi casa jamás volvería a estar desordenada, pero estaba equivocado. El simple hecho de vivir implica desordenar. Cuando cocinamos desordenamos la cocina, cuando nos vestimos desordenamos la habitación, cuando trabajamos desordenamos nuestro escritorio.

El orden tiene grandes beneficios y tener menos cosas es de gran ayuda, pero si vivimos con la imagen de una casa impecable en nuestra mente sufriremos de frustración constante. 

Este viaje se trata de aprender a soltarlo todo, incluso nuestras ideas acerca del orden.

Recuerda que el minimalismo no es la meta, sino parte del camino hacia una vida más ligera y significativa.

Si te gustó esta publicación, te invito a escuchar el episodio de mi podcast donde hablo de este mismo tema y respondo a algunas preguntas de las personas que me escuchan.

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