Soltar el futuro y agradecer el presente: Entrevista a Ingrid Zea

Ingrid es creadora del proyecto Wakeup Cuerpo-Mente, dónde invita a las personas a practicar mindfulness a través de la consciencia corporal, el movimiento y el baile. También es parte de la comunidad de Patreon de Meditantes.

En esta entrevista nos cuenta cómo la meditación le ha ayudado a descubrirse a ella misma, a sobrellevar los pensamientos acerca del futuro y a relacionarse mejor con su familia.

¿Cómo es tu práctica de meditación? ¿Qué es lo que haces normalmente?

Es un momento para mí. Un momento para encontrarme y bajar mis revoluciones. Un espacio para descubrir mis propias respuestas, aceptarme y regalarles a mi cuerpo y a mi mente un poco de calma.

Lo que practico es mindfulness, que para mí es mucho más que una meditación. Es una filosofía, una forma de ver y sentir la vida.

Cuando medito, me siento con las piernas cruzadas, la espalda erguida, las manos en las rodillas y cierro los ojos para empezar a enfocar mi atención en mi respiración. Dependiendo del día incorporo la atención a mi cuerpo, pero en muchas otras, simplemente dejo que aparezca lo que está ahí esperando a ser escuchado.

Hay días donde todo está muy calmado, pero hay otros donde en segundos, desde la segunda respiración consciente, ¡guauuu! salen las emociones a flor de piel y uso ese momento para dejarlas salir con la intensidad que vengan. Todo esto pasa mientras sigo respirando conscientemente, sólo sintiendo.

Algo que me gusta hacer durante mi práctica es reflexionar. No es algo que fuerce, sino que al estar atenta al momento presente y a lo que me está pasando, puedo conectar las emociones con los pensamientos, las situaciones o las personas que han gatillado eso, y así puedo ir más profundo, descubriendo cosas.

También practico de manera activa mientras cocino, lavo los platos o manejo. Al ser labores tan mecánicas tengo espacio para darme cuenta de lo que estoy pensando. Así puedo observar si estoy en el futuro o si me quedé enganchada en algo que pasó y que necesito entender, aceptar y dejar pasar. 

Otras veces uso mis actividades cotidianas para practicar la gratitud. Por ejemplo, si tengo que barrer uso el momento de barrer para estar presente y darme cuenta de todo lo que tengo que me permite barrer: un cuerpo, flexibilidad, coordinación, una casa, ojos para mirar que mi sitio necesita ser limpiado.

¿Qué te motivó a empezar a meditar?

Necesitaba bajarle las revoluciones a mi mente que no paraba de pensar en el futuro y en todos los posibles escenarios, casi siempre negativos. 

Esta mecánica de mi mente se activaba cuando estaba de por medio la salud de mi hija. En el afán de querer verla siempre sana y que no le pasara nada, al primer indicio de que podría estar enferma se activaba este mecanismo de ¿y ahora qué está pasando? ¿qué va a pasar? ¿qué debes de saber Ingrid? ¿qué cosas tienes que tener bajo la manga para darle solución y reaccionar prontamente? 

Un pensamiento gatillaba otro y otro, y no paraba. Eso al final me hacía tener niveles altos de estrés y sufrir en el proceso, sin saber si todas mis ideas sobre la salud de mi hija se iban a cumplir o no.

Fue así que un día en mi auto me di cuenta que eso me estaba pasando. Encontré un curso de yoga y mindfulness para principiantes y decidí meterme. Ahí pude encontrar la manera de entrar en contacto con mi mente de forma amorosa, calmada, sin juzgarla y sin tener que controlarla. Aprendí que es posible comprenderme mejor y sentirme en paz, plena y feliz.

¿Qué cambios has notado en tu vida desde que meditas?

Desde que medito soy más libre, porque he aprendido que la vida no la puedes controlar, que para vivirla y disfrutarla es necesario valorar el momento presente venga como venga.

Me enfoco en el hoy mucho más que antes. Antes no vivía, estaba sentada esperando a que mi futuro se cumpliera y dejaba de sentir, de expresar, de gritar, de llorar. 

Vivo con menos expectativas, suelto y confío mucho más en los procesos de mi vida, en la vida misma.

Me juzgo mucho menos y soy más compasiva conmigo, con mi cuerpo, con mis emociones y con mis pensamientos.

Aprendí a disfrutar el caos, a no querer controlarlo o mejorarlo, sino a vivirlo en los días que me toca y seguir. Agradezco absolutamente todo, evitando poner etiquetas, dejando que simplemente sea.

¿Cómo consideras que la meditación ha beneficiado la manera en la que te relacionas con otras personas?

He aprendido a aceptar a las personas como son, sin encasillarlas en mis deseos, expectativas, en mis deberías. Esto me ha ayudado especialmente en mi relación con mi esposo.

Puedo comunicarme mejor, escuchando sin juzgar. En la ida y vuelta de palabras, evito imponer, sino que trabajo las cosas desde la comprensión y la necesidad que tiene cada parte. Esto me ayuda mucho y lo aplico con mi esposo, con mi hija, con mi familia.

Procuro enfocarme en lo positivo, en lo que sí hay, en lo que existe hoy con cada persona que me relaciono.

Soy capaz de hacerme responsable y dejar el victimismo. Me enfoco en lo que estoy haciendo, diciendo, dando o no dando en cada relación y asumo lo que venga con eso, en vez de echar la responsabilidad a otros de lo que me pasa a mí. Esto me ha ayudado a empoderarme más, a tomar decisiones y acciones más rápidas y muchas veces más drásticas que me dan paz y me ayudan a equilibrar mis energías. A nivel laboral esto me ha servido muchísimo.

La meditación me ha ayudado a reaccionar menos y responder más y mejor. Me pasa especialmente con mi hija, cuando mi paciencia se agota.

¿Algún consejo le quieras dar a alguien que tenga ganas de empezar a meditar?

No le tengas miedo a la quietud y a encontrar calma. Ábrete a la experiencia quitando expectativas. Permítete sentir lo que salga. No te exijas tiempos, ni frecuencia, deja que tu mejor indicador sea cuando sientas ganas de sentirte en paz. No te juzgues a ti ni al momento. Deja que todo lo que aparezca en la meditación fluya con amor y con ganas de darte ese tiempo que te mereces para conocerte.

Cada día se aprende, cada día es un desafío. Va a haber momentos donde tu mente vuela a mil y reaccionas en vez de responder. Pero la clave es que no hay perfección, sino que ésta se construye día a día, cayéndote, levantándote y dándote cuenta. Ahí esta el tesoro. Si te das cuenta, puedas decidir qué hacer y cómo hacerlo. Cuando no nos damos cuenta de pensamientos, emociones, acciones, no hay opción al cambio, es como si estuviéramos dormidos o zombies. El despertar es maravilloso, y lo mejor es cuando despiertas, cuerpo, mente y ser.

Para conocer más acerca de Ingrid, puedes visitar su perfil de Instagram y su canal de Youtube.

Publicado por Pedro Campos

Escribo para conocerme mejor.

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